Sab

No sé qué pasa, no sé bien qué es. He llegado ya el punto en el que puedo darme cuenta de que hay algo que pasa que es más complejo que lo que parece ser; sin embargo, no he llegado al punto de poder unir todos los hilos y comprender qué es lo que realmente pasa.

Estoy triste, y quiero llorar, y no me sale. Siento tristeza, por momentos, sin motivo; aunque sé que hay un motivo, porque los momentos no son cualquier momento. Y aun así no logro descifrar qué momentos son, ni qué hay de común entre estos momentos.

Algo pareciera estar debajo de todo, diciéndome que todo está mal, que todo es sombrío, y ese algo parece poder quedar debajo de muchas cosas, mucho tiempo; pero cada tanto, por momentos, en ocasiones que no logro identificar por completo, el velo se levanta, y aparecen esos vahos que me recuerdan cómo es todo. Y siento una tristeza que es en el pecho, es en un punto de algún lado que no puede definirse, y me estruja el alma e intenta sacar algo de mí, generar algo, y ni sé qué es. Llanto, tal vez, pero no me sale.

Por algún motivo, por historia tal vez, o estructuras, tiendo a pensar que se trata, después de todo y como siempre, del miedo a la soledad; o directamente a la soledad misma. A esa que por momentos se evita con personas, pero que siempre está, a la espera. Y por momentos, entonces, el recordatorio de que siempre está, y de que todos cargamos con esa soledad todo el tiempo. Y la tristeza de los que la sienten es casi mejor que la de aquellos que ni lo saben, ni lo sienten, y se esmeran por tenerla a raya. Pero yo no puedo, yo sé que está, y tengo que mirarla a la cara cada tanto, no me queda otra. Tanto dolor alrededor de todo, siento que hay, que no puedo evitar pensar en eso cada tanto. Como quien mira en un microscopio la cosa más simple, sencilla y cotidiana, y descubre partes ligadas, asociadas, ocultas en el todo, pero aún partes, yo veo las partes de todos nosotros todo el tiempo. Y l o que es peor –¿mejor?–, las mías.

Es una miseria, como dice Remo, que cala los huesos. Es un dolor constante, subyacente, que no puedo evitar ver, como no puede evitar oler el que, para vivir, tiene que respirar.

Hay en algún lado una proyección de algo, un algo escondido que no se muestra como es, y me hace correr tras sombras.

¿Es el miedo a ser dañado, o el miedo a hacer daño?

¿O acaso la culpa del daño hecho ya?

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