Tenés treinta aos, y vivís con tu mamá. Creo que todo lo demás que voy a escribir sobra, ya con esto digo suficiente.
Sé que pasás, porque, ¿iste cómo es la tecnología? Sé que pasás. Pasás porque sos gris, no tenés realmente nada mucho mejor que hacer.
Vas a ensayar con tu banda de rock, y eso debe hacerte suficiente persona, porque el resto del tiempo podés darte el lujo de tomar cualquier cosa, o ir a cualquier lado, a costas del dinero de otros.
No me vengas con que trabajás, porque te mando de nuevo al primer párrafo.
Después, capaz, te vas de viaje, con el dinero de papá y mamá. Aunque más bien papá, no? Deschavate.
Nunva te faltó la comida, nunca volviste caminando porque no había ni para el bondi, ni te colaste en el subte, ni le mangueaste con vergüenza a alguien por la calle, ni te atrasaste con el pago de la luz o las expensas, o tuviste noches en vela pensando que si te echaban del laburo no llegabas a pagar el alquiler, nunca disimulaste lo viejo de ese jean o esa campera porque no había para comprar ropa nueva, nunca comiste comida horrible o chatarra casera por más de dos semanas, en las que capaz papá y mamá se habían ido a pasar unos días afuera, nunca te faltó internet, a no ser por el problemita ese que tuvo fiber, nunca hiciste números para ver si podías o no comprar ese aceite de oliva tan rico, nunca reparaste en el precio a la hora de pedir delivery porque te daba mucha fiaca cocinar, nunca viviste.
Pero hay otras cosas que a tus treinta años tampoco hiciste. Y yo, por decoro, no voy a decir aquí cuál o cuáles, pero vos sabés. Y eso compensa todo el odio y la bronca que da verte tan pelotudo. Y es que cuando te bañás, o cuando te sacás las medias para ir a dormir, o cuando escuchás una conversación en el bondi por sobre el ruido de tu iPod de alguien con su pareja, o cuando ves parejitas de la mano por la calle, o peleando soto voce en un café, o en el super, o cuando termina un tema u otro en la sala y se hace ese silencio horrible, o cuando vas al dentista y por diez segundos tenés un poquito de miedo, o cuando te pasa algo lindo y querés compartirlo, o cuando hace frío y abrazás la almohada para dormir, entonces te das cuenta que papás y mamás y amigos y amigas y tíos y compañeros de bana o facultad y el kioskero y el bondilero de los jueves y el flaco de la puerta de tal lugar y el gato y el perro, no sirven para compensar lo que vos necesitás.
Me quedo con los problemas de dinero y las putadas de la vida diaria, ¿sabés?